Las lluvias han llegado a la Sierra Madre Occidental, el monte reverdece y todos los animales que lo habitamos estamos contentos pues la escasez de alimento quedó atrás, los herbívoros comen los brotes tiernos de la vegetación mientras adiestran a sus crías a matar el hambre, los lobos tenemos abundancia de presas para elegir y educar a nuestros cachorros para la vida en manada. Como animales sociables y especie en riesgo de extinción que somos es fundamental pasar el conocimiento de nuestra forma de organizarnos a la siguiente generación, de ello depende en parte el crecimiento de nuestra población.
En días pasados se llevó a cabo un evento muy importante para la supervivencia de mi especie, se trata de la Reunión Binacional para la Conservación del Lobo Gris Mexicano, en el Parque El Ocotal municipio de San Andrés Timilpan, Estado de México, expertos estadounidenses y mexicanos en el tema intercambiaron información y tomaron decisiones sobre manejo en cautiverio, liberaciones, desarrollo de las manadas en libertad y otras operaciones para preservarnos en nuestro hábitat natural, la idea es que algún día no necesitemos del apoyo de las personas para ser genéticamente viables y contribuir a la riqueza biológica de este planeta.
Mientras llega el momento de nuestra independencia como especie amenazada seguimos siendo muy vulnerables a ciertas actividades de los hombres, en especial aquellas que impactan en los recursos naturales: minería, ganadería, tala de árboles y el crimen organizado. En general se trata de las acciones que invaden y destruyen los pocos bosques que se han conservado en lo más alto de las montañas. Si bien es cierto que hay personas que destruyen nuestro hogar y nos eliminan, también lo es que hay gente protegiéndonos y defendiéndonos a veces a costa de su propia integridad.
En México hay leyes que protegen los ecosistemas naturales por ser fuentes de agua, de oxígeno y de riqueza biológica, pero a veces es el gobierno, encargado de hacer respetar esas leyes, el que insiste en alterar el delicado equilibrio natural con el viejo pretexto del progreso. En el norte del país se promueve la devastación de los bosques por la minería a gran escala, construcción de presas; en el sur se alienta la destrucción de la selva para plantar árboles nuevos, para la agricultura a gran escala, para construir un tren. Las comunidades indígenas se oponen a esa clase de progreso, pero son compradas o ignoradas, a veces aún contando con la protección de los tribunales.
Este tipo de situaciones se replican en todo el mundo, producto de una visión del progreso que pasa por encima de la naturaleza y de los derechos de personas vulnerables por su pobreza y aislamiento. Pero también hay en cada rincón del planeta gente que se opone a este tipo de progreso, a veces arriesgando la propia vida, pues los poderosos no dudan en utilizar la violencia para imponerse. Mujeres y hombres, la mayoría indígenas, defienden otra forma de progreso, aquel que se basa en el respeto a todas las formas de vida de este planeta: el desarrollo sustentable.

